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Sobre los sabotajes en las vías de ferrocarriles {indymedia grenoble}

Desde el principio de este caso, se dice casi todo y cualquier cosa con los actos de sabotaje de las líneas TAV y sus supuestos autores. Periodistas, expertos en movimientos políticos o en criminología y responsables de los ferrocarriles franceses (incluso sindicalistas) adornan alrededor de lo que les dan gota a gota los servicios de policía y los gabinetes de comunicación del ministro del interior. En esta masa de artículos, cada uno va con su pequeño hallazgo para distinguirse del vecino vendiendo la misma mierda: las fotos exclusivas del catenario del miedo, los cultos enfoques de “especialistas” de la “ultra-izquierda”, los comentarios compartidos con la participación de chicas en una operación de esta forma…

Los sindicatos de ferroviarios, un poco débiles, con la idea que, a lo mejor, algunos de sus gallinas hayan podido participar en los sabotajes, se congratulan de la eficacia de los sabuesos del ministerio del interior. Todos a su alivio de poder condenar sin reservas estas acciones,vuelven a usar la calificación de “terrorista”, olvidando un poco rápido que en la mayoría de los casos, son ellos que están acusados de “secuestro de rehenes” cuando la circulación se ve bloqueada…
Todo lo dijeron, entonces, salvo lo que puede empujar personas a bloquear los TAV: la versión oficial se queda dentro de una variación alrededor del tema de los desequilibrados nihilistas clandestinos que tienen algo que resolver con el Estado; es decir, terroristas.

El antiterrorismo, es muy práctico: primero, “terrorista”, se aplica a casi todo y cualquier cosa. Aquí, por ejemplo, se habla de trenes bloqueados con un método que si escuchamos el director de la SNCF (empresa de los ferrocarriles) “no es peligrosa (para el personal y los usuarios) pero que invalida”, y los cuatro catenarios arrancados vienen a sumarse a la larga lista de los “crímenes” y otras averías que sufren las infraestructuras ferroviarias cada año (se habla de 26000 actos de vandalismo para el año 2005, en los cuales 89 hubieran podido causar un descarrilamiento).

Después, “terrorista”, sirve para marginalizar prácticas y para aislar una parte de la gente que luchan y provocar la insolidaridad de los demás. Y no es reservado para los anarco-autónomos, RESF (red de educación sin fronteras, muy activa en la cuestión de los sin-papeles) también a veces se le da este pequeño apodo.

Al final, sirve para darse medios materiales y jurídicos fuera de lo común para vigilar y presionar a las personas un poco demasiado agitadas políticamente según las autoridades (notamos al pasar que después tal movida mediática y tal despliegue policial, la vida y las actividades de las personas incautadas son de manera irreversible puestas patas arriba, incluso si como lo pensamos y teniendo en cuanta la falta de pruebas, unos no van ha ser incautados). Pasando, los servicios de inteligencia pueden fanfarronear sobre su eficacia para hacer creer que nada puede escaparse de su control, pensar así con enviar un mensaje a todos los que podrían pensar en salir del marco de la contestación tolerada. Pero los elementos materiales se hacen esperar, hasta tal punto que las personas detenidas no lo son ahora en el marco de la investigaciones sobre los sabotajes, pero en un oscuro procedimiento anti-terrorista empezado en abril del 2008 del cual se guarda bien de dar precisiones que la justifican (se habla de “daños”, y se habla de un atentado… en los Estados Unidos, top-credibilidad, el FBI…)

Si nos damos la pena de disipar un poco la cortina de humo “antiterrorista”, y sin fantasear en los sospechosos designados, su pertenencia a un movimiento de giga-izquierda o a un club de ajedrez suizo, ni en la edad del capitán (las detenciones parecen tan desconectadas de los propios hechos) podemos reflexionar en el sentido político del bloqueo de las vías de ferrocarriles.
Primero, notamos que los sabotajes ocurrieron el mismo día que una de las movilizaciones sociales más importantes en Alemania en estos últimos momentos para bloquear el convoy de desechos nucleares CASTOR ( que circulaba también en la red francesa), con diversas prácticas, de manifestaciones de miles de personas hasta actos de sabotajes. La oposición contra el nuclear está desarrollada en este país y regularmente ocurre este tipo de bloqueo de trenes, y hace millones de euros de daños para la Deutch Bank. En Francia, con menos fuerza, el pasaje de un convoy nuclear también provoca este tipo de reacción.

La lucha contra el nuclear se ve muy lejos de ser la única que apunta a los ferrocarriles. Si pensamos en los movimientos de ferroviarios, que sacan su fuerza justamente de esta capacidad de bloquear la circulación de las mercancías y de las personas; nos acordamos así que hubo sabotajes de las líneas de señalización que vinieron apoyando las huelgas del otoño-invierno 2007 contra la reforma de la jubilación.

Si pensamos también al movimiento anti-CPE de primavera del 2006 con varias ocupaciones de estaciones de tren que habían contribuido a hacer volver atrás al gobierno.

Bloquear la economía, que sea con la huelga, el boicot o la interrupción de los flujos, fue y todavía es la mejor arma de las luchas políticas, del movimiento obrero de principios de siglo (ya con sabotajes de trenes) hasta los piqueteros argentinos pasando por la Resistencia o los camioneros huelguistas y sus operaciones caracoles.

Se nos podría contestar : “vale, pero, en qué lucha, en qué movimiento se inscriben estas acciones”.

Bien, se inscriben, y da igual las reivindicaciones, en el conflicto de baja intensidad que se lleva cada día, en todos los frentes: en la batalla de los trabajadores por sus condiciones de vida y de trabajo, en la lucha de los parados en contra del control social, en la lucha de los sin-papeles, en las resistencias de los barrios populares en frente de las presiones policiales; en cada espacio donde la gente se organiza para luchar.

Un movimiento de fondo que reagrupa prácticas, ideas, aspiraciones diferentes pero en que los momentos de lucha se hacen eco mutuamente. De hecho,solo hace falta consultar la lista policial de los terrenos ocupados por lxs sospechosxs designadxs para tener una pequeña idea de los diferentes frentes: sin-papeles, G8, EDVIGE, CPE, movimiento de los institutos, mani anti-Sarkozy, guerra en Irak…

En periodo de crisis económica del sistema capitalista que organiza realmente el empobrecimiento y el terror en casi toda la población mundial, puede parecer como irrisoria y simbólica esta cruel obcecación ideológica gritar al lobo para una decena de trenes atrasados.

En un mundo que se va directo al muro, quizá haya algo de saludable con romper la disposición del cotidiano, los flujos de gran velocidad de trabajadores, ejecutivos, businessmen, treaders, mercancías, desechos nucleares en los cuales se basa la máquina de explotar.

Atacar el TAV, es también atacar una cierta forma de la organización social, como lo muestran las resistencias populares a la construcción de las líneas de gran velocidad en el País Vasco y en el Val de Suza italiano, tanto por lo que implican en términos de reestructuración local como por negar el modelo que componen.

Porque si en algunos artículos, se nos dice que los que sabotearon atacaron al “servicio público”, está claro que cuando se habla de TAV hoy , se habla de una estructura en el camino de la privatización, que vende cada vez más caro el derecho a desplazarse, va precarizando a sus trabajadorxs, y tiene como función principal asegurar el transporte constante de maniobra, necesaria para la economía artificial.

Lo podemos ver como una manera entre otras de cuestionar concretamente el dogma sagrado del crecimiento económico, criticado hoy por una buena parte de la población (que sufre las consecuencias cotidianas).

El hecho de entretener esta capacidad de bloqueo y de perturbación material será entonces decisivo para lxs que todavía quieren reorientar la sociedad en otros raíles, para construir las relaciones de fuerzas de las luchas presentes y que vienen.